En las últimas semanas, la crisis política y energética de Venezuela ha vuelto a capturar la atención mundial, no solo por la operación militar liderada por Estados Unidos que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, sino también por las grandes expectativas —y desacuerdos— sobre el verdadero potencial petrolero del país sudamericano. A pesar de décadas de propaganda que presentaban a Venezuela como un gigantesco “Eldorado” petrolero, la realidad actual demuestra que sus reservas y capacidad productiva enfrentan obstáculos geológicos, económicos, técnicos y políticos de enorme envergadura.
Esta narrativa contradice las afirmaciones de grandes potencias como Estados Unidos y Rusia, que han planteado diferentes perspectivas sobre el control y desarrollo de los recursos energéticos venezolanos.
Historia breve del petróleo en Venezuela y su caída
Históricamente, Venezuela fue una de las principales potencias petroleras del mundo. El país posee oficialmente las mayores reservas probadas de crudo del planeta, estimadas en más de trescientos mil millones de barriles bajo tierra. Esto representa una proporción significativa de las reservas globales, un activo que cualquier nación con recursos energéticos limitaría con celo.
Sin embargo, esa enorme riqueza subterránea nunca se tradujo en una industria robusta y eficiente en la práctica. Desde finales del siglo XX y principios del XXI, la producción se desplomó de niveles históricamente altos —cerca de tres millones y medio de barriles diarios en la década de 1990— a menos de un millón de barriles diarios en la actualidad.
Las causas de esta caída son múltiples: políticas de expropiación de empresas extranjeras, corrupción, desinversión y falta de mantenimiento de la infraestructura, además de un clima político y económico que ha espantado a la inversión privada nacional e internacional.
¿Por qué no es un Eldorado petrolero hoy?
Geología compleja y crudo pesado
Aunque Venezuela posee enormes reservas, gran parte de su petróleo es crudo extra-pesado, especialmente en la Faja del Orinoco. Este tipo de crudo requiere procesos de refinación más complejos y costosos, y no todas las refinerías del mundo están equipadas para procesarlo eficientemente.
Además, la mayoría de reservas requieren inversiones masivas en tecnologías de extracción y transporte para ser explotadas a niveles rentables. La simple existencia de crudo bajo tierra no garantiza que sea económico producirlo y venderlo en un mercado competitivo.
Infraestructura deteriorada
Las refinerías, oleoductos y plataformas marinas venezolanas han sufrido décadas de descuido, mantenimiento insuficiente y escasez de inversión, lo que ha reducido su capacidad real de producción y exportación. Por ejemplo, incidentes como derrames en instalaciones antiguas y la falta de mantenimiento en buques de almacenamiento reflejan un sistema en decadencia.
Esta mala gestión también se traduce en paradojas como la realidad de que Venezuela, pese a su riqueza petrolera, ha sufrido escasez de combustibles en el mercado interno, algo que nunca debería ocurrir en un país productor neto de petróleo.
Problemas legales y económicos
La nacionalización de la industria petrolera bajo gobiernos chavistas, especialmente a partir de 2007, generó inseguridad jurídica para inversores extranjeros. Numerosas compañías retiraron sus capitales o buscaron compensaciones por inversiones expropiadas, lo que dejó un legado de litigios y tensiones que hoy dificulta aún más atraer capital fresco.
A esto se suman sanciones internacionales, especialmente de Estados Unidos, que han limitado la capacidad de PDVSA (la empresa estatal) para operar, acceder a mercados financieros o negociar con socios globales.
Intervenciones extranjeras y reivindicaciones de control
Estados Unidos y su visión
La administración estadounidense reciente ha presentado a Venezuela como un objetivo estratégico para recuperar su industria petrolera. Tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar a inicios de 2026, el gobierno de Estados Unidos ha insinuado un papel activo de empresas estadounidenses en la reconstrucción de la industria energética venezolana.
Por ejemplo, la decisión de otorgar licencias ampliadas a compañías como Chevron sugiere un interés de Washington en influir directamente en la producción y exportación de crudo venezolano. Esta política se basa en la idea de que Venezuela puede convertirse en un proveedor clave para mercados internacionales, incluyendo el estadounidense.
Sin embargo, esta estrategia enfrenta desafíos: empresas como ExxonMobil han expresado que Venezuela es “inviable para inversión” sin reformas legales y estabilidad política, mientras que otras compañías solo considerarían invertir bajo condiciones muy específicas.
Además, hay voces especializadas que señalan que el éxito de Estados Unidos en Venezuela no puede medirse únicamente por petróleo. La inestabilidad política, los costos ambientales y la legitimidad internacional de la intervención son factores que complican cualquier visión simplista de “el Eldorado petrolero”.
Rusia y sus reclamos
Por su parte, Rusia ha defendido con fuerza sus intereses petroleros en Venezuela. Roszarubezhneft, la compañía estatal rusa encargada de los activos petroleros venezolanos, ha afirmado que continuará desarrollando y manteniendo sus compromisos allí, a pesar de las tensiones con Estados Unidos.
Moscú también ha insistido en que los activos que desarrolla en Venezuela son propiedad del Estado ruso, adquiridos legalmente y conforme a la legislación venezolana, lo que contradice las afirmaciones estadounidenses sobre el control o “recuperación” de recursos.
Sin embargo, expertos advierten que Rusia también enfrenta riesgos significativos: posibles pérdidas financieras por sus inversiones, impactos secundarios de sanciones y la volatilidad de los mercados energéticos globales.
Datos claves sobre la industria petrolera venezolana
| Indicador | Valor aproximado | Observaciones |
|---|---|---|
| Reservas probadas de petróleo | ~300 mil millones de barriles | Reserva reportada más grande del mundo |
| Producción actual | ~<1 millón barriles por día | Muy por debajo de niveles históricos |
| Producción histórica máxima | ~3,45 millones bpd | Registrada en los años 90 |
| Inversión estimada necesaria | > US$100 mil millones | Para recuperar infraestructura y producción |
| Tipo de crudo predominante | Extra-pesado | Requiere refino especializado |
(Datos estimados basados en promedios recientes de producción y reservas globales de Venezuela)
Barreras estructurales al crecimiento de la producción
Capital requerido
Para recuperar la infraestructura dañada y llevar la producción a niveles competitivos se necesitaría una inversión masiva y sostenida durante muchos años. Algunos analistas estiman que podría requerirse más de una década de esfuerzo continuo en un ambiente democrático y estable para siquiera acercarse a cifras de producción pre-2000.
Mercado internacional
El mercado petrolero global ha cambiado. Con el auge de energías renovables, el crecimiento de la producción de esquisto en Estados Unidos y la transición energética global, los precios del petróleo muestran menor volatilidad ascendente que en décadas pasadas. Esto reduce aún más el atractivo de inversiones tardías en campos convencionales complejos como los venezolanos.
Conclusión: mito vs. realidad
Aunque Venezuela continúa siendo un país con enormes recursos petroleros en el subsuelo, su condición actual no se asemeja a un Eldorado de petróleo listo para ser explotado sin obstáculos. Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y Rusia, la persistente inestabilidad política interna, las sanciones, la mala gestión y la necesidad de inversiones colosales dejan claro que el camino hacia una industria petrolera eficiente y lucrativa es largo y complicado.
La narrativa simplista de que Venezuela es un tesoro energético que solo espera ser explotado ignora décadas de desafíos estructurales. Tanto Washington como Moscú tienen intereses divergentes en Caracas, pero ninguno puede transformar de forma inmediata la realidad sobre el terreno. La verdadera riqueza petrolera de Venezuela, por ahora, sigue siendo más una promesa postergada que una realidad cotidiana.
En definitiva, Venezuela no es, en 2026, el Eldorado petrolero que muchos imaginan: es un país con potencial gigante, sí, pero también con restricciones que requieren soluciones profundas, inversión real y estabilidad política para que ese potencial pueda convertirse en desarrollo sostenible y prosperidad para sus ciudadanos.