Durante décadas, Puerto Rico ha ocupado una posición ambigua dentro de la estrategia militar de Estados Unidos. Aunque la isla ha sido un territorio estadounidense por más de un siglo, muchas de sus antiguas bases militares quedaron relegadas al olvido tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, bajo la visión geopolítica impulsada por Donald Trump y su énfasis en la llamada “dominación estadounidense”, Puerto Rico vuelve a emerger como un punto estratégico fundamental en el Caribe y en el hemisferio occidental.
La reactivación del interés en estas instalaciones militares no es casual. Se produce en un contexto de creciente competencia global, tensiones en América Latina, disputas energéticas y una renovada doctrina de control regional. Las bases olvidadas de Puerto Rico, alguna vez símbolos del poder militar estadounidense, ahora vuelven al centro del tablero geopolítico.
Puerto Rico y su valor estratégico histórico
Desde principios del siglo XX, Puerto Rico ha sido considerado un enclave estratégico clave para Estados Unidos. Su ubicación en el Caribe oriental lo convierte en un punto de vigilancia natural entre América del Norte, América Latina y las rutas marítimas del Atlántico. Durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente durante la Guerra Fría, la isla fue intensamente militarizada.
Instalaciones como la Base Naval Roosevelt Roads, los campos de entrenamiento en Vieques y diversas estaciones aéreas sirvieron como centros de operaciones, logística, inteligencia y entrenamiento. Desde allí, Estados Unidos podía proyectar poder militar hacia el Caribe, Centroamérica y Sudamérica, además de proteger rutas comerciales y energéticas.
Con el colapso de la Unión Soviética, muchas de estas bases fueron cerradas o reducidas, consideradas innecesarias en un mundo que parecía encaminarse hacia una menor confrontación militar directa.
El abandono y sus consecuencias locales
El cierre de las bases militares tuvo un impacto profundo en la economía puertorriqueña. Miles de empleos directos e indirectos desaparecieron, afectando especialmente a comunidades que dependían casi por completo de la presencia militar.
La salida de la Marina de Vieques, por ejemplo, fue celebrada como una victoria social y ambiental, pero dejó un vacío económico difícil de llenar. Otras instalaciones quedaron en desuso, deteriorándose con el paso del tiempo, convertidas en símbolos del abandono federal hacia la isla.
Durante años, Puerto Rico quedó fuera de los grandes planes estratégicos de Washington, reducido a un rol secundario dentro de la política de defensa estadounidense.
El regreso de la lógica de la dominación
La llegada de Donald Trump a la presidencia marcó un cambio radical en la forma en que Estados Unidos concibe su papel en el mundo. Bajo su visión, el país debía reafirmar su poder sin complejos, priorizando la fuerza militar, el control territorial y la disuasión directa.
Dentro de esta lógica, el Caribe volvió a adquirir relevancia. La inestabilidad política en Venezuela, el aumento de la influencia china en América Latina, la presencia rusa en la región y las rutas del narcotráfico colocaron nuevamente al hemisferio occidental en el centro de la agenda de seguridad nacional.
Puerto Rico, por su ubicación y estatus político, encajó perfectamente en esta estrategia renovada.
Bases olvidadas que vuelven a ser valiosas
Las antiguas instalaciones militares de Puerto Rico ofrecen ventajas estratégicas que pocos lugares pueden igualar. Entre ellas se destacan su proximidad a América Latina, su acceso directo al Atlántico y al Caribe, y su infraestructura preexistente que puede ser reactivada con menor inversión que construir nuevas bases desde cero.
Algunas de estas bases permiten operaciones aéreas de largo alcance, vigilancia marítima, despliegue rápido de tropas y monitoreo de rutas comerciales y energéticas. En un escenario de crisis regional, Puerto Rico puede funcionar como un centro logístico clave para operaciones militares estadounidenses.
El interés no se limita solo a un posible conflicto armado. También incluye tareas de inteligencia, control migratorio, operaciones contra el narcotráfico y presencia disuasoria frente a potencias extranjeras.
Puerto Rico frente a Venezuela y América Latina
La reaparición de Puerto Rico en la estrategia militar estadounidense está directamente relacionada con los acontecimientos en América Latina. Venezuela, en particular, ha sido señalada como un foco de inestabilidad que amenaza los intereses de Estados Unidos en la región.
Desde una perspectiva militar, Puerto Rico ofrece una plataforma ideal para monitorear el norte de Sudamérica, el Caribe y las rutas marítimas que conectan con el Canal de Panamá. Esto refuerza la capacidad de Estados Unidos para actuar con rapidez en caso de crisis política, económica o militar en la región.
Además, el fortalecimiento de la presencia militar en Puerto Rico envía un mensaje claro a otros actores globales: el Caribe sigue siendo una zona de influencia directa de Washington.
La dimensión energética y comercial
Más allá del aspecto militar, Puerto Rico también adquiere relevancia en el contexto energético. El Caribe es una región clave para el transporte de petróleo, gas natural y otros recursos estratégicos.
El control y la vigilancia de estas rutas se vuelven esenciales en un mundo marcado por la competencia energética y las tensiones geopolíticas. Desde Puerto Rico, Estados Unidos puede proteger intereses comerciales, asegurar el flujo de recursos y responder rápidamente ante amenazas a la infraestructura energética regional.
Esta dimensión económica refuerza aún más la importancia de reactivar bases que habían sido consideradas obsoletas.
Reacciones locales en Puerto Rico
El renovado interés militar en la isla no ha sido recibido de manera uniforme. Para algunos sectores, la posibilidad de reactivar bases representa una oportunidad económica, con la creación de empleos y la llegada de inversión federal.
Para otros, especialmente movimientos sociales y ambientalistas, el regreso de la militarización despierta viejos temores. La experiencia de Vieques sigue muy presente en la memoria colectiva, con reclamos por daños ambientales, problemas de salud y falta de transparencia por parte del gobierno federal.
La discusión sobre el rol de Puerto Rico dentro de la estrategia militar estadounidense también reabre el debate sobre su estatus político, la falta de poder de decisión y la relación desigual con Washington.
Debate político en Estados Unidos
Dentro de Estados Unidos, la idea de reactivar bases en Puerto Rico forma parte de un debate más amplio sobre el uso del poder militar. Los defensores de la estrategia de Trump argumentan que el país debe adelantarse a las amenazas y reforzar su presencia en regiones clave.
Los críticos, en cambio, consideran que esta visión perpetúa una política de dominación que genera resentimiento y tensiones innecesarias. También cuestionan el costo económico y humano de mantener una presencia militar extendida, especialmente en territorios que no tienen representación plena en el Congreso.
Este debate refleja una división profunda sobre el papel que Estados Unidos debe jugar en el mundo y sobre los límites de su poder.
Puerto Rico como símbolo geopolítico
Más allá de su utilidad práctica, Puerto Rico se ha convertido en un símbolo dentro de la estrategia de “dominación estadounidense”. Su condición de territorio, su ubicación estratégica y su historia militar lo convierten en un laboratorio de la política exterior estadounidense en el hemisferio occidental.
La reactivación de sus bases no solo responde a necesidades tácticas, sino también a una narrativa de control y presencia permanente. Es una forma de demostrar que Estados Unidos no está dispuesto a ceder influencia en su entorno inmediato.
Implicaciones a largo plazo para el Caribe
El resurgimiento militar de Puerto Rico puede tener consecuencias duraderas para toda la región caribeña. Otros países podrían verse presionados a redefinir sus alianzas, reforzar sus propias capacidades defensivas o buscar mayor apoyo de potencias externas.
El Caribe, históricamente considerado un espacio secundario en la geopolítica global, vuelve a ocupar un lugar central en las estrategias de poder. Esto aumenta tanto su importancia como su vulnerabilidad.
Conclusión
Las bases militares olvidadas de Puerto Rico han dejado de ser reliquias del pasado para convertirse en piezas clave del plan de Donald Trump para reafirmar la dominación estadounidense en el hemisferio occidental. Su reactivación refleja un cambio profundo en la política exterior de Estados Unidos, marcada por el retorno a una lógica de poder duro, control territorial y presencia militar directa.
Puerto Rico, una vez más, se encuentra en el centro de una estrategia que no diseñó, pero que impactará profundamente su futuro. Mientras el mundo observa una creciente competencia entre potencias, la isla vuelve a ser un punto estratégico crucial, recordando que en la geopolítica, los lugares olvidados pueden recuperar relevancia de un momento a otro.